TITULO: En los mares del sur
AUTOR: Robert Louise Stevenson
GÉNERO: autobiografia, narrativa de viajes
AÑO PUBLICACIÓN: 1896
Reseña
No
cabe duda que Stevenson era un escritor con un don inherente para narrar
historias; sea cual sea su temática, enfoque o calado. De los pocos escritores,
en mi opinión, que consiguen mantenerte atrapado entre sus páginas; aunque te
describa la función indígena de las hogueras o el funcionamiento de un palillo.
Su lenguaje era exquisito, su halo refinado, sin resultar pedante, con una
narración sumamente detallista y evocadora, sin que pesen en su ritmo, que sin
ser endiablado (como en el presente caso), consigue dotar de agilidad a
cualquier cosa que toque, por su maestría.
En
esta obra ‘autobiográfica’ a retazos de sus experiencias en Las islas Gilbert,
Marquesas, Pomotú y Apemama, no hace sino ratificar lo mencionado. Distando
mucho de sus grandes obras, aquí encontramos, a priori, un tono mucho más
personal, intimista y crítico, bastante adelantada par su tiempo (Si bien, en
doctor Jekyll y Mr, Hyde ya lo hacía a modo de metáfora). El narrador se
involucra, vertiendo su opinión (para bien y mal) en su radiografía de tales
paraísos salvajes, y especialmente de su población e interactuación directa y
profunda con ella, haciendo símiles entre las metodologías de éstos y las de
los europeos, en tiempos pasados y no tanto.
En
el libro, Stevenson narra de modo encadenado varios temas, historias,
experiencias y mitos, incluyéndolos a placer, según su criterio. Por lo cual,
no cabe esperar una historia cronológica y sucesiva, sino retazos de los más
importante e imperioso que él quería destacar en su paso por unas tierras duras
y complacientes al mismo tiempo, una suma de sus reflexiones. Con ello, no se
resiente su desarrollo ni este resulta tosco, ya que un genio como él consigue
sumergirte en su particular epopeya de inmersión y compresión de los nativos.
Bien puede considerarse su obra como uno de los primeros ensayos periodísticos
de siglo 19.
Recalco
‘Autobiográfica’, pues cuando el autor nos narra, por ejemplo, su experiencia
de hipnosis por parte del curandero del rey de Apemama, las tradiciones
funerarias de Pomotú o pasajes acerca de personajes míticos de las islas; una
sospecha que interviene algo del ‘cuentacuentos’ y su mano para incrementar su
intensidad o atmósfera; pero esta, pese a ser una suposición, si fuera certera,
no altera para nada la esencia de visión articulista de los mares del caribe;
pues la enriquece.
El
libro está dividido en cuatro partes: Las Maquesas, Las Pomotú, Las Gilbert y
Gilbert – Apemama.
En
su primer tramo, el más extenso, hace eco, entre otras se hace eco de los
extranjeros solitarios de los parajes, las causas más comunes de la muerte
nativa, el canibalismo histórico y su huella, los tabúes sociales, personalidad
y evolución social de los habitantes, modo de vida, leyendas, morfología y
lenguaje, comunicación, personajes célebres, misiones y misioneros, presidio,
castigo y tortura, entre otros. Stevenson dota a la narración de contrastes,
deja ver a un pueblo educado, invadido por los franceses que han transgredido y
pervertido y confundido, con principios y contradicciones entre su pasado y
presente; sus modales y salvajismo que conforman presente y pasado, que
resaltan de su paradisíaca isla. Esta parte puede considerarse una extensa y
notable radiografía social, que toca temas muy delicados.
En
la referente a Pomotú, mucho más inhóspita y alejada, paradisiaca pero llena de
peligro (atolones, arrecifes y corrientes internas) y escasez de alimentación,
El escritor hace énfasis en su elemento salvaje y caprichoso físicamente
hablando, para ambientar un paraje nómada, plácido, aislado y solitario;
igualmente cautivador. Su pueblo resulta humilde, religioso, pero por el gusto
por la estafa, las supersticiones y la doble moral de a pie (al igual que los
‘avanzados’; nosotros). En resumen, un tramo más tranquilo y anecdótico en
narración, no tan truculento, pero igualmente crítico y analista.
Las
Gilbert, por su lado, las describe Europeizadas y cosmopolitas, avocados a la
bebida, el robo y el acoso debido a la ‘prohibición’ de esta, realizando una
radiografía excelente de su insidiosa y tiránica jerarquía Real (esclavistas de
mujeres y poseedores de harenes), que con el paso de los tiempos ha derivado
tal actitud Mahometana (como el propio Stevenson cita), en el equilibrio
particular del poder por parte del poseedor material de cada hogar, sin
importar su género. Una parte que disecciona las jerarquías tiránicas, y las
consecuencias de estas magistralmente.
En
su última parte; Apemama, Stevenson sigue el hilo de las jerarquías,
concretando en el rey de ésta singular isla (que bajo su mandato, pretende
eradicar todo los errores de sus islas vecinas, dotándolo de un paraíso selecto
y en orden; no sin su tiranía operante) , en la que tuvo que pedir permiso para
entrar y ser supervisado por el monarca de primera mano a lo largo de toda su
estancia. Este es ,seguramente, el tramo de impronta más personal, por lo que
llega a desnudarse narrativamente mediante su involucración personal con el
monarca, sus conversaciones, protección por parte de este, y sus sentimientos
encontrados entre la amistad y gratitud, y el terror que tienen los lugareños a
su monarca; pues los seres de poder, tienen claro oscuros, mucho más
apreciables desde la cercanía y el compromiso; como refleja el escritor
perfectamente; aún no pretendiendo que compremos su perspectiva, sino
traspasándola solamente mediante su retrato versado en macro.

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