TITULO: La hora de las estrellas
AUTOR: Robert a. Heinlein
GÉNERO: ciencia ficción
AÑO PUBLICACIÓN: 1956
El argumento (yo lo explico)
Pat y Tom son dos
gemelos inquietos y con cierta audacia, que cierran y conforman un cuadro
familiar numeroso. En su casa las cosas marchan regular, pues sus padres hacen
lo que pueden para sobrellevar el gasto. Y es que en la actualidad que les
atañe, se impone unas tasas extras a las familias con más hijos de lo esencial;
todo supervisado por el departamento de control de la población. Un día, un
cargo de la Fundación a largo plazo (presidida por Howard, el pionero de la
conquista de otros planetas ‘historia del futuro’ I; relato 4), los visita para
que se embarquen en una expedición (con el nombre del Proyecto Lebensraum, que
mediante 12 naves, explorará tantas
estrellas tipo Sol como sea posible),
dónde deberán comunicarse con la tierra los pares telepáticos, por
separado, para que los ecos de descubrimientos lleguen instantáneamente, sin
demora alguna (ya que lo transmitirán más rápido que la luz actual).
Reseña
El
presente libro del decano de la Sci fi, nos enmarca un futuro con sobre
población, dónde ya no es posible vivir más en el planeta Tierra, por lo cual,
hay que ir a conquistar las estrellas, pero de un modo diferente hasta ahora
(turismo, estaciones espaciales...con Marte, Venus y Júpiter totalmente
poblados por colonos inmigrantes), ya que se precisa ir mucho más allá de los
límites establecidos. Heinlein nos presenta un mundo con soldados de la paz
(uno de ellos el tío de los gemelos protagonistas), que han erradicado las
guerras y conflictos. Pero ahora deben buscarse medidas para sobrevivir, ya no
por el simple gusto de la colonización y su conquista, por necesidades vitales
(al igual que lo tocara en la lúcida ‘Granjero de las Estrellas’, con los pioneros
de la emigración, o la soberbia ‘Hº del futuro’, con la conquista de las
estrellas, y las más próximas).
La
obra consta de tres partes intangibles; costumbre Heinleiniana. En su primera,
algo breve, nos expone la situación social y nos presenta a la familia
protagonista; dónde la permanente voz narradora es Tom. Es un tramo en donde el
escritor introduce su vena más crítica y su particular análisis filosófico de
vida, aludiendo a los impuestos que deben pagar las familias numerosas y su
preferencia para emigrar a las estrellas más cercanas, o las reflexiones de su
padre (un mini alter Ego de Heinlein, al igual que su tío David; pues ambos
esbozan brevemente su perorata recurrente), que habla acerca de los beneficios
de ser pobre: formación de carácter, acostumbrarse a buscárselas por sí solo;
además de la libertad que hay en ello (nuevamente, muy en la línea de Capra),
así como los orígenes de la fundación que los selecciona. Aquí también se hace
incidencia sobre la Telepatía, sus principios y enigmas, ‘su tangibilidad’ y el
porqué de sus potenciales. Heinlein debate y plantea ciertos aspectos (como la
investigación de la naturaleza tiempo, mediante los pares o la mal
diagnosticada locura en el pasado, cuando pudieran haber sido casos
telepáticos), pero deja al lector su opinión personal. Esta división incorpora
los típicos ‘escarceos’ e intercambios de gemelos; cosa que puede considerarse
muy tópica, pero recordemos que es una obra muy temprana; y claro, siempre con
la chispa de Heinlein en sus diálogos. Si bien, aquí algo menos chulescos de lo
normal.
Lo
que puede considerarse el segundo tercio, el más extenso, narra de primera mano
todo, el diario de a bordo (y nunca mejor dicho, pues Tom está escribiendo un
registro de sus memorias desde el principio; por orden del psicólogo de la
nave) de la tripulación, la adaptación, convivencia de Tom y cia (unos 2000
tripulantes); que estarán viajando durante más de 60 años; alcanzando varios
planetas, e inspeccionándolos. No esperemos ver grandes aventuras, ni cantidad
de escenarios. El protagonista absoluto es la ‘Elsie’ (la nave Arca), con sus
dimes y diretes: noviazgos, matrimonios, camaradería y disputas, bajas físicas,
distribución de trabajo y estudios, llegando hasta una huelga a bordo. Tom
reflexiona acerca de ello, y recae en el paso del tiempo, ya que conforme los
años van pasando (para él meses), se va alejando de su compañero telepático, y
requerirá de otros similares, dentro de su jerarquía. Nuestro primer par gemelo
se ‘encuentra’ suspendido, mientras que el segundo desarrolla su vida,
conformando una familia y vida, alejadas cada vez más de su antigua vida y
rutina.
Pero
está claro que para Tom los años no han pasado (ni física ni casi mentalmente).
En
la última, hay una incursión en Centauri, dentro de Tau Ceti, en la que son
agredidos por los nativos anfibios del planeta (curioso observar lo ‘precursor’
que era, pues describe prácticamente a un famoso Pokémon clásico de nivel
inferior). Todo ello, representa un gran caos en la, ya frágil, vertebra humana
que conforma la nave, pues la plantilla ha ido pereciendo, o perdiendo su
poder. Y entonces, es cuando habrá un intento de motín, seguido de un desenlace
efectivo, reflexivo y de oficio; muy irónico y que condensa el significado de
la futilidad, o no, de nuestras heroicidades. Heinlein echa el resto en el
presente tramo, con un cierre que suma mucho a la novela, de halo adulto y
sobrio, con dos escenas breves, pero de intensa atmósfera y mensaje. Lo que
sería una epístola previa a las Epopeyas de Long y los eternos.
Aun
poseyéndolo, esta obra del maestro (a diferencia de las otras), se aleja del
constante mensaje crítico - social y su lado más profético, aventurero y
vibrante, pero conservando su esencia sobre los principios de libertad y valor
por uno mismo), para plantearnos, centrándose especialmente, en el paso de los
años, los cambios, el desgaste y distanciamiento de las relaciones y
situaciones; con el replanteamiento de una vuelta a la nueva vida, su
enfrentamiento y toma de riendas. Similar en estructura y planteamiento a la
obra maestra ‘Puerta al verano’ (recordemos que se guardan pocos años), con un
tono más sereno, pero de igual tinte personal; es otro de los libros del
maestro que pudieran clasificarse como ‘intimista’, al narrar una historia
personal de primera voz, con los devenires de los cambios drásticos en la vida
de alguien y su entorno. Con ello, no hay más de un personaje de peso en la
novela, sino que recae en su voz narrativa. Aquí Tom ‘está viviendo en un
presente congelado’ en el tiempo al ser el par por el que no ha pasado el
tiempo, y en ‘Puerta al verano’ es Dan, por su decisión de hibernarse
literalmente. Sin ser tan efectiva como la citada ni con tanta intensidad, por
frescura o ímpetu de los protagonistas, es una buena novela del Heinlein más
sobrio, personal y costumbrista.
“No
me gustan los secretos, antes prefiero deber dinero. No es posible devolver un
secreto; pero lo prometimos”
“El
hombre tiene derecho a morirse de la manera que más le guste, es lo único sobre
lo que no hay impuestos”
“el
aprender no es un medio para un fin, es un fin en si mismo”
“Todo
el mundo encuentra grietas en su valor de vez en cuando”
“La
gente generalmente cree todo aquello que se le dice muy pronto en su vida y con
suficiente frecuencia”
“Tienes
afecto por él; todos sentimos afecto a las cosas a que estamos acostumbrados, a
los zapatos viejos, viejas pipas, incluso”

No hay comentarios:
Publicar un comentario