TITULO: Consigue un traje espacial,
viajarás
AUTOR: Robert A. Heinlein
GÉNERO: Ciencia ficción
AÑO PUBLICACIÓN: 1958
El
argumento (yo lo explico)
Esta buena novela, que narra la motivación de un joven de secundaria por
viajar al espacio, es, una vez más, muestra suficiente de la maestría del
decano de la Sci fi por antonomasia, llena de garra desde el principio, que
alterna diferentes géneros dentro de la misma obra: ciencia ficción, costumbrismo, thriller, semi
bélica y / o de espionaje y negra (en su parte judicial), con sendas críticas a
nuestra sociedad (y su estructura). Una juvenil marca de la casa, que además de
divertir, no deja a ‘títere con cabeza’ y de paso, sirve como aleccionador a
los jóvenes de su época (bueno, y porque no, a los de ahora), y como medio para
los buenos valores.
Reseña
Redactada
en tono jovial a la vez que mordaz y voz en primera persona, la obra se puede
bien dividir en tres partes (una de las divisiones más comunes de Heinlein).
En
la primera, Dónde el protagonista nos muestra su día a día, su entorno,
ideales, y motivaciones. Costumbrismo marca de la casa; sin dejar escapar
crítica solapadas.
Kip,
el protagonista, es un joven 100% Heinleniano, decidido y con las ideas claras,
que desea viajar a la luna. Su padre (alter ego de Heinlein como figura mentora
de la vida y el rumbo filosófico de ésta), le insta a conseguir un pasaje por
él mismo. Así que, el chico se planteará las diferentes opciones a seguir:
Academia militar (para su posterior entrada en el cuerpo espacial) o la escuela
de ingeniería (con una posterior especialización que lo lleve al otro astro).
Estas motivaciones e inquietudes narradas por el maestro son las de un joven de
a pie, pero hijo de su época; la futura (lo que antaño fuera alistarse en
alguna especialidad dentro del ejército)
Su
obstinación le hace querer ser pionero en su futura profesión (doctor en
ingeniería electrónica); para desarrollar su trabajo en la luna (mírese hoy en
día, el caso de los buenos profesionales que marchan fuera de nuestras
fronteras para poderse desarrollar a nivel profesional plenamente). El chico
adolece, de la deficiencia escolar de su centro (y por ende, del sistema
educativo de la escolarización básica); que fomenta a los deportistas más que
el estudio, e impide abrirse fronteras y trazar nuevas metas. En la escuela le
preguntan ‘camufladamente’ la tendencia política de su casa, todo, a través de
una encuesta de una tarea para clase (‘¿Cómo está organizado vuestro consejo de
familia?’). El chico responde: ‘democracia informal’. Véase como Heinlein
critica la ‘caza de brujas’ sectaria de algunas instituciones públicas.
Mediante
la figura de su padre (Una persona con suma experiencia vital, que ha cambiado
las ‘comodidades’ de su anterior etapa, para pasar a ser un semi ermitaño,
recluido en su casa, inventando cosas y vendiendo patentes. Siguiendo con sus
estudios, y una vida acorde a su ideal de tranquilidad; con la paz de la
sabiduría ganada), el autor diseccionar este aspecto critico del sistema
educativo moderno, dotado de máquinas pero que no deja pensar a los jóvenes por
ellos mismos. Toda una profecía, si se tiene en cuenta los cambios actuales en
el susodicho, que han ido degenerando progresivamente, impuestos por el encaje
globalizado. Además, hay crítica hacia la superficialidad y los elitismos, como
el de Stanford y Yale que fomentan el dinero, la avaricia social, y con ello,
la corrupción (el poder corrompe).
En
esta parte se resalta, además, el don de la perseverancia, mediante la retaíla
de cupones que envía Kip un concurso. Y cuando quiere visionarlo, tiene que
coger el televisor que él mismo construyó, pues en su casa no lo hay (Heinlein,
criticando el abuso de los dispositivos modernos de comunicación, y especialmente,
el de de la caja tonta, que puede hacer mella intelectualmente, dejando de lado
otros quehaceres e inspiraciones); cosa muy significativa y acorde con el
mensaje parental de pensar por uno mismo y sin interferencias. Y a la
publicidad engañosa, a través de un anuncio de tabaco previo al concurso (muy
visionario todo, y más tratándose de la época en la que estaba escrito).
No
queda en eso (lo siento, pero aquí no puedo añadir ‘sólo’; como comprenderéis),
hay cabida para la biología, la física y el diseño industrial, cuando Kip
adquiere a ‘Oscar’ (su traje espacial), rediseñándolo y mejorándolo. Toda una
clase funcional de lo comentado.
En
su segunda, se desarrolla todo el verdadero nudo, con la aventura espacial
particular del nuestro protagonista. Puro thriller, intenso, vivaz, en dónde la
estrategia militar / espía da lugar. Mediante un casual (como tantos otros en
la vida), Kip se encuentra en medio de un secuestro espacial y en peligro. Ahí
aparece su pareja – contendiente: Piwi, una adolescente Heinleiniana: chulesca,
curiosa, vital, decidida, impulsiva y segura de sí misma; con salidas
ingeniosas. Es la perfecta compañera de aventuras del chico. Juntos forman un
dúo explosivo, de toma y daca. Patricia ‘Piwi’ tiene un padre erudito, y ella
de ahí su natural curiosidad (Gran frase acerca de la curiosidad inherente:
‘siempre exploro, es muy educativo’), que puede llevarla a un lío, como es el
caso, o a el esplendor vital (ya se sabe, si uno no corre, no hace carrera).
Así que, tenemos los héroes de las obras Heinlenianas (‘Es mejor ser un héroe
muerto, que un perro asqueroso’), unidos por un buen fin: el de evitar la
colonización de unos malvados piratas espaciales carnívoros. He ahí el
acercamiento de miras de la pareja antagonista: Kip y Piwi, con la Cosa Madre
cómo foráneo complementario; que aporta al desarrollo la emoción sentimental, y
el canto aleccionador del maestro acerca de la irrepetible e imprescindible
figura maternal (ojo, que no tiene que ser biológica, sino de sentimiento).
Esta
parte no da respiro alguno, con momentos álgidos de tensión, en los que la
supervivencia de Kip, Piwi y la Cosa madre predominan la narración. aunque también hay sitio para la reflexión,
el soliloquio de kip (durante su confinamiento), y el sentimentalismo bien entendido,
real y puro (de los caídos opuestos, unidos por la adversidad). En ella se
analiza la debilidad humana frente al confinamiento (‘Los Leones se acostumbran
a los Zoos ¿no era yo más listo que un león? ¿qué alguno de ellos por lo
menos?’. A trabajar) y la perversidad, pero, sobre todo, el instinto motor
inequívoco de los seres humanos.
La
última y tercera, muestra la recuperación de Kip a cargo de los Veganos, y su
posterior enjuiciamiento, derivado de la anterior contienda espacial. Aquí,
Heinlein (como es su costumbre), nos acerca a la genética, sus ideales sobre el
aprendizaje óptimo (ya iniciados en el primer tercio de la obra), la jerarquía
familiar y el sentimiento, un anticipativo modo de alimentación Vegana y las
vicisitudes sobre los procedimientos legales; con la incongruencia que entrañan
(‘los nativos son amistosos, y me han cuidado…igual que cuidamos a un criminal
antes de colgarlo’), derivada del encaramiento legal de un conflicto real e
inevitable. Pero eso no es todo, ya que su finalidad, mediante el juicio global
a la raza humana, es el de ‘exculparnos’, pese a nuestra inferioridad inherente
(siempre hay una buena base, eso lo sabía, al igual que Capra), tenemos agallas
y recursos para llegar a aprender del error, si es preciso (‘no pretendemos ser
ángeles, ninguno de los dos. Si condenáis a nuestra raza por lo que nosotros
hayamos hecho, cometeréis una gran injusticia. Juzgadnos a nosotros solos’)
Todo
ello queda rubricado con un epílogo esperanzador, para el que ha luchado y
nunca se ha rendido. Perseverancia, benevolencia, buen hacer y obstinación; ahí
radica la clave del camino de cada uno.
‘un
hombre casi siempre consigue aquello que desea con suficiente intensidad. Estoy
seguro que llegarás a la luna algún día, de una forma u otra’
‘La
buena suerte siempre es consecuencia de una preparación cuidadosa, la mala
suerte nace del descuido’
Poco
más cabe para decir...leedla, resulta una notable condensación de las reglas
Heinlenianas, y sus valores.

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